
LA VANIDAD DE LOS RELOJES ( Frag.) EL RELOJ DEL HOMBRE SOL
_Ni siquiera una máquina puede acallar el bullicio de la mente,
que atisba al mundo a través de unas manecillas de reloj llamadas
pensamiento.
Tal vez las palabras avanzan de noche a fundar bibliotecas del imaginario y dejan de ser frágiles, entre poemas que se deshojan o ensangrentadas, heridas a muerte van manchando las páginas del día, antes de madurar empeños, gotean espesas, húmedas o resecas, por dentro o fuera de las venas.
_La vanidad de los relojes, no escribe futuro, ni sube a la garganta a brindar con el lenguaje, ni perfuma los bosques de hombres y mujeres que llevan brillantes ideales.
La vanidad de los relojes, especula y engaña, se muestra encantadora en cielos repletos de amantes y horizontes nublados, donde los puntos de vista no coinciden jamás.
Existen intelectuales, que se ahorran la melodía amante del tic-tac, y corren a la par con las horas desnudas, oficiando en oráculos del intelecto, es entonces, que descienden como muertos apátridas, esos, los que no llevan ni una gota de azul en el aura.
También he de decir, que no desconozco la realidad de lugares, donde brota la maldad de las palabras retorcidas y nómadas, arrastrando su yugo entre sepulcros y avatares humanos.
_He visto al corcel de los hipócritas, cargando sobre el lomo sus fetiches.
Cazadores de pureza, salen de sus madrigueras amparándose unos a otros; es entonces que a un costado del camino, se amortajan las letras, aunque antes, preparan su arpón, para luego de afinar el tiro, atravesar la vieja performance en hilera de zombies iletrados, que han de terminar donde les corresponde, toda vez que hace mucho aguardan los ataúdes.
*** Fragmento, página 47
Rossana Arellano
©El Reloj del Hombre Sol