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sábado, 6 de agosto de 2016

DE CARTAS A LORRAINE - "EL BREVE DULZOR DE LAS GALLE-TITAS DEL CAFÉ"




 DE CARTAS A LORRAINE - "EL BREVE DULZOR DE LAS GALLE-TITAS DEL CAFÉ"


_ Lorraine ¿Recuerdas el aspecto de la última galletita que acompañó tu café? Me refiero a esa marca de dulzor tan breve, como el recuerdo que se para a mirar una vieja fotografía, sin saber siquiera los nombres de quienes en ella están. Había pensado apenas ayer, que si nos colgábamos a la lengua y los labios,  un poco nada más de aquella espuma, tal vez, pudiéramos fingir un ataque de algo. 
¿Recuerdas cuando todo parecía tirarnos hacia abajo y a nosotros poco nos importaba regresar a la tierra? _ Es verdad, Lorraine, un día de pronto sin darnos cuenta, nos hicimos viejas de tanto marchar con muertos y sabes perfectamente bien a qué me refiero.
Sabes, me gustaría que dijeses algo, quisiera que contaras  qué ocurrió exactamente con el estampado de nuestro imaginario, ¿Dónde fue que se quedaron enredadas las líneas que iban de tu mente a la mía? ¿Recuerdas aquel traje celeste que usaba los domingos, con mi sombrero beige con cinta azul eléctrico? y es que papá tenía tan buen gusto, aunque dijese que habíamos nacido para princesas; los domingos parecían una plaza enorme donde la locura de cada paseante solía mezclarse y reflejaba en aullidos de felicidad. 
_Lorraine, que fragmentado se quedó el paisaje, entonces eramos niñas viendo pasar  a diario, el esqueleto del tren, aquella escena del sol de la tarde, que nos situaba dentro.
Continúo contando los días, para regresar y ser niña nuevamente, enseñarte el lugar donde dejé el primer vestido y me puse jeans, como si se tratase de una golosina. El mundo parecía otro, aunque continuaba siendo el mismo; hasta que decidí esa misma noche o la siguiente, volverme manca, ¿Lo recuerdas, Lorraine? La gente preguntaba, qué me había ocurrido y sólo permanecíamos mudas; eran tantos los muertos y había un cartel por dentro de mi pecho que clavaba fuerte y costó tanto que permaneciera en su lugar. Había que guardar silencio, mientras comíamos con servilletas de género y cubiertos de plata, parecíamos más grandes, sin embargo nos estábamos haciendo diminutas.
_Lorraine, he visto en mi última pesadilla, al hombre del quiosco, ¿Recuerdas cuál fue su delito? Entrábamos y salíamos de casa, era tanto el orgullo.
Nosotras engullíamos de prisa los olvidos, sin embargo siempre recuerdo el breve dulzor de las galletitas del café.


Rossana Hasson Arellano
 Agosto/2016


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